| El blindado AML (Auto Mitrailleuse Legére) nació
en 1960 con un requerimiento del ejército francés por
un vehículo de exploración, siendo elegido el diseño
de la firma Panhard.
Pequeño, muy móvil y armado con dos ametralladoras, el
AML inicial tuvo un notable éxito y dio origen a toda una familia
de blindados derivados: la versión cazatanques o autocañón
H-90, que presentaba la mayor relación en la historia de los
medios acorazados entre potencia de fuego y peso del vehículo
(un cañón de 90mm contra apenas 5,5 tn); la versión
de apoyo AML-60 que portaba un mortero de 60mm y un cañón
de 20mm; también hubo versiones del AML trasportes de personal,
antiaéreas (con dos cañones de 20mm); y de vigilancia
del campo de batalla con un radar Rasit.
De esta familia de vehículos acorazados Panhard fabricó
casi cinco mil ejemplares exportándose a más de treinta
países de todo el mundo y entrando en combate en numerosas ocasiones
en Medio Oriente, Israel, Sudáfrica y las Malvinas.
Los Panhard en el Ejército Argentino
Entre 1977 y 1978 el Ejército Argentino adquirió en Francia
sesenta AML en la versión H-90 para dotar a sus Escuadrones de
Exploración de Caballería Blindada en todo el país.
En abril de 1982 quiso el destino que se convirtieran en el único
medio blindado del Ejército en pisar tierra malvinense, al no
poderse trasladar como se había planeado inicialmente una unidad
de tanques SK-105 Kürassier debido al bloqueo naval británico.
En total doce Panhard llegaron a Malvinas transportadas por los C-130
Hércules, y se prepararon para afrontar la guerra en un terreno
que les era completamente desfavorable.
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A diferencia de los tanques ligeros Skorpion que usaron los británicos,
los Panhard tenían cuatro ruedas y no contaban con orugas para
disminuir su presión sobre el suelo y poder desplazarse.
La superficie de las islas, blanda y barrosa cubierto apenas por una
capa de turba no permitía la tracción de los vehículos
fuera de los escasos caminos de ripio que rodeaban a Puerto Argentino,
restringiendo sus movimientos y dificultando las tareas de exploración,
apartarse de ellos era enterrar seguro el AML hasta los ejes debiendo
recurrir a un Chinook para poder sacarlo. Y sin poder utilizar su movilidad,
los Panhard quedaban reducidos a simples cañones estáticos.
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El clima frío y húmedo dañaba el sistema eléctrico
y debían precalentarse las baterías, con el correr de
los días también comenzó a escasear el combustible
para moverse, que era reservado con prioridad a los generadores de los
radares y cañoñes antiaéreos vitales para la defensa.
Las horas de luz diurna eran escasas en el invierno malvinense y este
factor fue crítico al iniciarse los combates: los ingleses siempre
atacaban de noche y el sistema de tiro de los Panhard no contaba con
visores nocturnos, dejándolos a ciegas en plena acción.
Con el enemigo acercándose a Puerto Argentino los AML fueron
utilizados como artillería en misiones de apoyo a las tropas
que se retiraban, sufriendo el fuego de contrabatería y de mayor
alcance de las piezas británicas y exponiéndose al accionar
de los helicópteros y aviones Harrier que controlaban el espacio
aéreo.
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Dos Panhard fueron alcanzadas por el fuego enemigo aunque podrían
haber sido reparados en otras circunstancias.
Finalmente, al llegar la rendición los vehículos fueron
inutilizados parcialmente por sus tripulaciones quitando los cierres
de los cañones, ya que destruirlos completamente al estar dentro
de la ciudad hubiera implicado riesgo para los civiles.
Los Panhard también intervinieron en los combates por la recuperación
del Cuartel de la Tablada en 1989, copado por elementos subversivos
del MTP.
En la actualidad continúan prestando servicios en el Ejército
Argentino, siendo objeto de un programa de repotenciación con
un nuevo motor diésel que mejorará notablemente sus perfomances
de alcance, potencia y seguridad.
LA MAQUETA
Existen dos maquetas en escala 1:35 del Panhard en la versión
H-90 que nos interesa para lograr el modelo argentino, ambas realizadas
en resina, bastante caras y difíciles de conseguir y además
su aspecto final no me convencía completamente: el de la firma
KMR española trae uno interiores básicos y el de la francesa
Azimut es maciza, sin interiores.
El diseño del AML, con amplias compuertas y escotillas de acceso
por los laterales, en el puesto del conductor y sobre la torre, permite
al dejarlas abiertas ver con claridad los interiores del pequeño
vehículo y lo hacen atractivo para un superdetallado.
Por ello decidí construir mi maqueta en forma casera o “scracht”
utilizando láminas de plástico alto impacto de 0,5mm de
espesor, que representa a escala aproximadamente el espesor del blindaje
real (de 8 a 15mm).
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Contando con la ayuda de buenas vistas y fotografías obtenidas
de los Panhard del EA comencé por la construcción del
chasis, debiendo recurrir a dosis de paciencia para el montaje porque
sus numerosas placas anguladas y la falta de refuerzos internos lo hace
muy frágil, haciendo necesario el uso de cianocrialato para fijar
rápidamente las piezas y luego reforzar la unión con pegamento
líquido.
Para conseguir las ruedas, canibalicé la de un Mowag Piraña
de Esci, modificándola con el dibujo correcto de las cubiertas
y tomándole moldes para reproducirla en resina.
Las tapas del motor y los escapes se hacen con plástico de distintos
espesores y manijas de alambre de cobre delgado.
Y al frente del vehículo la chapa acanalada para cruzar zanjas
requiere de buen pulso para perforar alineados en la lámina plástica
sus setenta y dos orificios...
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La torre se construyó de igual manera, el tubo del cañón
lo obtuve del mango de un pincel, debiendo recrear todos los demás
detalles, como el freno de boca, la culata y el cierre.
En el interior debe fabricarse la cesta de la torre con alambre de cobre
y lámina plástica, agregando los asientos, los carruseles
de la munición, el equipo de radio y visores.
La forma abombada de la escotilla del comandante se hace estampando
el plástico, previamente ablandado con calor, con un objeto de
la forma adecuada, en mi caso usé una bolita de vidrio.
La ametralladora francesa y las luces y fumígenos externos completan
el conjunto.
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Para la pintura, recurrí a los colores de Humbrol marrón
118 y verde 108, completando con lavados de óleo negro y ocre,
pincel seco en tonos arenas y un fino empolvado final con el aerógrafo
sobre los bajos, cubiertas y parte trasera.
Los números son letraset transferibles y corresponden a un Panhard
del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado
1 “Cnl. Don Isidoro Suárez” con asiento en Arana,
La Plata, en 1994.
Es un trabajo arduo que demandó mucho tiempo, pero verlo terminado
es una gran satisfacción, después de todo esta pequeña
maqueta con sus once centímetros hasta la punta del cañón
cabe en la palma de la mano, y es mi chiche preferido!
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